Subcontratar o no subcontratar. He ahí el dilema. Esto es como la ley del péndulo. Podemos pasar de épocas en que la gestión con recursos propios es un elemento diferencial a épocas en las que sólo nos interesa la marca, dejando a terceros que gestionen el negocio. Vamos a nuestras recetas, como siempre sencillas. Y la receta pasa por una primera reflexión personal: ¿soy bueno como directivo o como empresario gestionando personas?. Yo creo que en una primera reflexión, la contestación a esta pregunta lo dice prácticamente todo. Incluso antes de plantear la estrategia de la compañía o de la operación. Si no es nuestra vocación estar con la gente, preocuparse de la gente, desarrollar a tus colaboradores, gestionar el conflicto… En esos caso, mejor dejar a terceros que gestionen los recursos humanos de tu compañía o departamento y tú céntrate en la estrategia, en los procesos o en la mejora de los servicios. Llevar empleados, al final, es adquirir un compromiso moral y social mucho más allá de la transacción comercial de dinero por trabajo. Se conviven muchas horas en el trabajo, lo cual hace que ese tiempo no esté fuera de tu vida, sino que forme parte de la vida misma. 

Pues bien, resolviendo esta primera cuestión, pasamos al horizonte más estratégico. ¿Sómos capaces de dibujar nuestras competencias como organización? ¿Sómos capaces de identificar en qué área obtenemos nuestra ventaja competitiva? Puede ser en el planteamiento de la venta, o en la prestación del servicio o en la gestión de la marca. A partir de esa reflexión ya vais viendo qué es subcontratable y qué no lo es. ¿Nuestra Atención al Cliente no supone un elemento diferencial, es una obligación que debo asumir? Pues deja que la gestione un experto que seguro que lo hará con más cariño y atención que tú.
Gestionemos lo que sabemos y lo que debemos.
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