Decía Zenón de Citón: «Tenemos dos orejas y una sola boca, justamente para escuchar más y hablar menos». Nada más lejos de mi intención que dar lecciones de gestión cuando he cometido tantos errores a lo largo de mi vida profesional. Sólo me gustaría apuntar a las dos facetas más importantes de un director de área, siempre desde mi punto de vista: marcar el camino y facilitar los medios necesarios para el desarrollo del trabajo. Un gran jefe mío me dijo una vez: «la misión d un Director General es imprimir al alma de una empresa». No puedo estar más de acuerdo con él. Tanto en el sentido positivo como en el negativo. Vemos empresas «negras», porque sus directivos tienen el alma negra, del mismo modo que vemos empresas jóvenes, porque sus directivos tienen el alma joven. Donde se fomenta el espíritu de aprendizaje, donde se destierra el miedo a equivocarse y a preguntar continuamente.

Del mismo modo que en la Escuela de Atenas, los sabios marcaban la pauta, enseñaban el camino, necesitamos directivos con valores y creencias, con alma.
En cuanto a proporcionar los medios: ¿tenemos listo nuestro plan de acogida? ¿Y nuestro plan de formación inicial? ¿Y el de formación continua? ¿Es agradable el entorno de trabajo? ¿Y las aplicaciones? ¿Y el aire acondicionado? ¿Y el uniforme? ¿Y el plan de carrera?. No sólo no son temas secundarios, sino que marcan la diferencia entre una compañía de éxito y una más que bien puede llegar a sus objetivos de facturación, pero que carecerá de cualquier trascendencia más allá del intercambio mercenario de esfuerzo por dinero.
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